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Coparentalidad en familias con padres separados

Consejos

 

Artículo por Andrea Cardemil.

La coparentalidad actúa como un escudo protector cuando los papás se separan. En una primera etapa, facilita el proceso de adaptación de todos los integrantes de la familia. Y con el paso de los años, permite que el niño tenga una buena relación con ambos padres, y que no se vea afectado por los cambios que conlleva tener padres separados (tener dos casa, nuevas parejas, etc.).

 

La coparentalidad en familias con padres separados se tiende a malentender con dividirse de manera equitativa el tiempo con los niños (por ejemplo una semana con mamá y una semana con papá). Y la verdad, es que no tiene nada que ver con eso.

 

La coparentalidad es la relación de apoyo y coordinación que establecen las figuras parentales para llevar a cabo la crianza de los hijos (sean o no sean pareja, tengan o no tengan la misma cantidad de días con los niños).

 

Se dice que hay una buena coparentalidad entre los cuidadores, cuando prima el apoyo y la coordinación entre las partes. Y negativa, cuando prima el desacuerdo, el conflicto y la desestimación.

 

Cuando hay una buena coparentalidad, por muy distintos que sean los estilos, valores y preferencias de cada padre, se logra llegar a acuerdos en aspectos que son importantes para el niño. Desde cosas simples como cantidad de horas en pantalla, a cosas más complejas, como el momento para dejar los pañales, el estilo de disciplina o la elección del colegio.

 

Es importante aclarar, que cuando prima el acuerdo en cosas importantes, los niños no se ven dañados si hay pequeñas diferencias entre sus dos casas (como por ejemplo, que en una casa se coma viendo televisión y en la otra no). Porque entienden que mamá y papá son distintos, pero que en cosas importantes conversan y se ponen de acuerdo.

 

A propósito de esto, una segunda aclaración importante, es que los padres no necesitan estar de acuerdo en todo para llevarse bien. Mark E. Feinberg, experto en el tema, plantea que cuando hay una buena relación de coparentalidad, las figuras parentales acceden a pensar distinto en ciertos aspectos, pero se apoyan, negocian y adoptan compromisos.

 

Lo otro que es importante, es la división del trabajo. En familias de padres separados, se tiende a dar dos fenómenos: El cuidador que vive con los niños tiende a tener más responsabilidades que el cuidador que no vive con los niños, y las responsabilidades se tienden a distribuir en los tiempos en que están con los niños (por ejemplo, el padre se hace responsable de ciertas cosas cuando está con los niños, pero cuando los niños están con la mamá, se desliga).

Si bien es esperable que el cuidador que vive con los niños tenga más responsabilidades, esto no significa que las tareas no se puedan dividir y que el padre que no vive con los niños no pueda tener responsabilidades cuando no está con los niños (como por ejemplo ir a dejar a los niños al jardín, llevarlos al doctor o pasarlos a buscar a un cumpleaños).

 

La división de tareas trae enormes beneficios para todos los integrantes de la familia. Por una parte, el padre que vive con los niños se siente apoyado y alivianado en las responsabilidades. Esto le permite estar emocionalmente más tranquilo (lo que beneficia de manera significativa a los niños) y tener una mejor relación de coparentalidad.

 

Por otra parte, los niños sienten que el padre que no vive con ellos, igual está presente y pendiente de sus necesidades y cuidados. Y algo que es más importante aún, sienten que mamá y papá son equipo, se organizan y se auxilian mutuamente.

 

Otro gran ítem de la coparentalidad es el soporte o el grado en que las figuras parentales se consideran y apoyan mutuamente. Esto tiene que ver con reconocer al otro en su rol, valorar sus contribuciones y respetar su punto de vista: “Juanito, voy a conversar con tu papá lo de las clases de futbol y te cuento”; “María, llamemos a la mamá para contarle como te fue en el doctor”; “Pedrito, no le puedo ocultar a mamá lo que pasó. Ella es tu mamá y nosotros como papás siempre conversamos de ti”.

 

Cuando no hay una buena coparentalidad, los cuidadores se culpan, critican y devalúan entre si. Esto expone a los niños al conflicto, genera altos niveles de estrés, puede perjudicar la relación con el cuidador criticado y llevar al niño a proteger al cuidador criticado (rol que no le corresponde).

 

Finalmente, la gestión familiar apunta a cuan capaces son los padres de contener el conflicto ante los hijos y no involucrarlos, tener una buena comunicación, organizar los tiempos, etc.

 

Los estudios son claros al respecto: el conflicto parental daña a los niños, por lo que es tremendamente importante que los cuidadores se esfuerzan por contener sus dificultades delante de los niños.

 

Asimismo, que los padres sean capaces de tener una buena comunicación, aunque éste sea a través de mails o mensajes de texto. Cuando se corta la comunicación con el otro, los niños terminan siendo los mensajeros, lo que les hace muy mal.

 

Finalmente, la organización de los tiempos también es importante. Independiente del régimen de visitas establecido, es muy beneficioso que los padres se puedan socorrer ante una dificultad o flexibilizar cuando hay algo importante.

 

La coparentalidad nunca es fácil y constituye uno de los grandes desafíos cuando uno se separa. Pero por los grandes beneficios que conlleva, conviene hacer el esfuerzo.

A veces en una primera etapa, es muy difícil lograrla, ya que los padres están sumergidos en sus propios procesos y cuesta establecer límites sanos entre ser padres y ex parejas. Pero con el tiempo, se puede lograr, especialmente cuando ambas partes se lo proponen.